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Vox fue fundado en 2013 por un grupo de exdirigentes del Partido Popular insatisfechos con lo que consideraban una deriva centrista y poco firme del partido en temas como el terrorismo de ETA, el independentismo catalán y la inmigración. Durante años fue un partido marginal, sin representación parlamentaria y con escasa presencia pública. Muchos analistas lo descartaban como un experimento destinado al fracaso.
La situación cambió radicalmente en diciembre de 2018, cuando Vox obtuvo doce escaños en el Parlamento andaluz, rompiendo una hegemonía de la izquierda que duraba décadas en esa comunidad. Fue el detonante. En las elecciones generales de abril de 2019, Vox entró en el Congreso con 24 diputados. En noviembre de ese año, con 52, se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria.
Santiago Abascal Conde, su líder, es un político vasco de familia con historia en la lucha contra ETA —su padre y su abuelo fueron amenazados por la organización— que construyó un discurso político basado en cuatro ejes principales. El primero es el nacionalismo español: Vox reivindica la unidad de España y se opone frontalmente al modelo autonómico, al que culpa de fomentar el separatismo. El segundo es la oposición a la inmigración irregular, a la que asocia con la criminalidad y el coste para el Estado del bienestar. El tercero es la crítica al feminismo institucional y a las políticas de igualdad de género, que el partido considera una forma de discriminación contra los hombres. El cuarto es el rechazo a los acuerdos climáticos y las políticas medioambientales que, según Vox, perjudican la economía.
El ascenso de Vox ha obligado al Partido Popular a gestionar una relación difícil con su flanco derecho. En varias comunidades autónomas —Castilla y León, Extremadura, Aragón, Baleares— el PP ha gobernado con el apoyo de Vox. Esta colaboración ha generado tensiones dentro del propio PP y ha facilitado el argumento de Sánchez de que la derecha española está virando hacia el extremismo.
Al mismo tiempo, Vox ha encontrado un techo electoral. En las elecciones de julio de 2023 bajó de 52 a 33 escaños. Sus votantes más moderados parecieron volver al PP cuando el partido de Feijóo se posicionó como alternativa real de gobierno. La pregunta que queda abierta es si Vox es una fuerza de protesta destinada a bajar cuando el PP es competitivo, o si ha venido a quedarse como fuerza permanente en el ecosistema político español.
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